Las personas mayores de 60 años enfrentan cambios progresivos en su coordinación motriz. Con la vejez el cuerpo tiende a reducir la capacidad de reaccionar ante estímulos, ajustar movimientos y sostener el equilibrio. Esto impacta en tareas cotidianas o acciones simples del día a día, cómo: subir un escalón, esquivar un objeto o sostener un elemento. Situaciones que dependen tanto de esa habilidad que la autonomía diaria se define por esta coordinación.
Muchos adultos optan por caminar cuando el clima está lindo para reemplazar rutinas en espacios cerrados o gimnasios. Sin embargo, existe una alternativa poco difundida que suma beneficios sin exigir gran esfuerzo físico. Con un poquito de movimiento, precisión y atención, se puede realizar una actividad recreativa con beneficios tangibles a corto plazo.
La práctica regular de ciertos ejercicios permite sostener la agilidad corporal. La constancia en la actividad mejora reflejos, estabilidad y control del cuerpo. No se necesita demasiado, una frecuencia de dos a tres veces por semana alcanza para generar cambios en el desempeño físico.
El frisbee aparece como una opción accesible para trabajar la coordinación y disfrutar la integración en familia (una actividad dinámica para jugar con los más chicos). El acto de lanzar o atrapar el disco activa la coordinación óculo-manual ya que exige seguir el objeto con la vista y anticipar su recorrido.
El cerebro, la vista y los músculos actúan en conjunto durante cada movimiento. A continuación algunos de los desplazamientos que, a pesar de ser suaves, tienen un impacto positivo en el cuerpo:
El comportamiento del disco introduce un factor variable en la actividad -dado que el frisbee no mantiene siempre la misma trayectoria en el aire- el cuerpo debe responder ante cambios con ajustes inmediatos. De esta manera, la imprevisibilidad mejora los reflejos en cada intento y trabajan la atención visual.
Algunos consejos a tener en cuenta:
El lanzamiento básico recibe el nombre de backhand y se realiza así:
La recepción del disco exige una técnica simple con ambas manos para brindar seguridad al momento de atrapar:
Las primeras prácticas requieren tiempos acotados con sesiones de entre 15 y 20 minutos. La distancia recomendada entre los participantes ronda los tres o cuatro metros. La progresión gradual mejora la precisión en cada intento y el ejercicio individual también permite sostener la actividad, pudiendo lanzar el disco con un ángulo leve y caminar para recogerlo (este movimiento incorpora un trabajo cardiovascular moderado).
¡Importante!: no olvidar el calentamiento previo para preparar el cuerpo para el ejercicio: La movilidad de muñecas, codos y hombros reduce el riesgo de molestias.